La comunicación con nuestros seres queridos

La comunicación con nuestros seres queridos

 

Opinión: Desirée Ortiz Lázaro.

Psicóloga del SIMA de Almería – MERIDIANOS

Cuando nos implicamos en relaciones personales importantes, es decir, aquellas que tenemos con esas personas que consideramos primordiales, (hijos, pareja, padres), lo normal es que, nos encontremos envueltos en una serie de actos comunicativos en los que, de una forma involuntaria, la manera en la que interpretamos las palabras, gestos y comportamientos es muy distinta a la que usamos con aquellos con los que la vinculación es mucho menor, como por ejemplo, vecinos, jefes, conocidos, etc.

Los conocimientos actuales referentes al desarrollo humano nos hablan de que en la interacción entre cuidadores y cuidados, normalmente padres e hijos, se establece un vínculo en el que, además de la atención propiamente asistencial, el adulto ofrece algo muchísimo más valioso al infante, algo que tiene ver con el mundo emocional de ambos.

Los avances en las últimas décadas en el entendimiento de cómo se establece la relación entre el menor y los padres,  ha hecho que se haya ido cambiando el foco de atención progresivamente. Así, antes se le otorgaba mucho peso a la satisfacción de las necesidades biológicas, hoy día se le da mucha más importancia a otro tipo de exigencias que tienen mucho más que ver con el mundo de los sentimientos.

Es esencial que todos seamos capaces de conocer cómo nos sentimos, qué siente el otro y, de una manera u otra, manejarnos de la manera más eficaz posible con esto. Se puede hablar, por lo tanto, de que existe una comunicación de emociones que se establece desde los inicios de nuestra vida y que esta es fundamental.

La figura maternal es esencial en los primeros años de vida, nunca pierde importancia, ni de manera explícita ni de una manera mucho menos obvia. Con la forma más clara nos referimos, como no puede ser de otra manera, a que esa persona que ejerce como cuidadora o cuidador principal sigue siendo importante siempre. En otras palabras, toda persona con un buen vínculo con aquel o aquella que ha permitido su crianza lo mantendrá y, por tanto, este seguirá siendo de un valor fundamental.

Es por ello que, intentar analizar cómo actuamos y actúan los que queremos en nuestras relaciones de una manera fría y racional puede ser algo bastante infructuoso, requiere de un distanciamiento de nuestras propias emociones (desengaño, tristeza, rabia) y la creación de un sentimiento empático hacia los otros.

Para finalizar, sería importante hacer notar que esta división entre aquellos con los que, por así decirlo, tenemos una relación más fría y otros con la que esta es más cercana, no debe de tomarse como algo rígido.

Aquí es importante notar que todo debe interpretarse más por el contexto que por la persona. Así, por ejemplo, con mi padre podré tener una conversación práctica o distante y, con mi jefe, en un momento dado, puedo tener un intercambio emocional total.

Eso sí, con toda seguridad, la cantidad y potencia de lo que siento con mis seres queridos, en cómputos generales, superará con creces a lo que experimento con los otros, por ello los conflictos emocionales no resultan fáciles de administrar.

 

Desirée Ortiz Lázaro, es Psicóloga del Servicio de Integral de Medio Abierto (SIMA) de Almería, gestionado por MERIDIANOS, y colabora en el Programa de Violencia filoparental del mismo.

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