Retos de los Profesionales frente a la Generación Z

Retos de los Profesionales frente a la Generación Z

Opinión: Nazaret Martínez Elena

Responsable del CGE Málaga Femenino – MERIDIANOS

En palabras de Ken Robinson, escritor y experto en creatividad, la incertidumbre es una de las características principales de todos los sistemas educativos y, en especial, de la tarea de todos los educadores. No hemos de perder de vista que, a pesar de que nadie sabe cómo será el mundo, hemos de realizar la ardua tarea de educar a nuestros jóvenes para ser personas capaces de hacer frente a la sociedad del futuro.

En este sentido, ¿estamos educando a nuestros jóvenes según las características y ventajas del siglo XXI? En 2004, la editorial SM realizó una encuesta a personal docente y el 84% del mismo consideraba que no preparaba de forma adecuada a sus alumnos para afrontar los retos y necesidades del siglo XXI.

En la otra cara de la moneda, tenemos que tener en cuenta que la actual generación de jóvenes, dista mucho en sus características de las generaciones anteriores. Nos encontramos ante jóvenes autodidactas, creativos y sobreexpuestos a la información. Una generación cuya forma de aprender está condicionada por las nuevas tecnologías y por el uso de Internet.  Para adquirir conocimientos, se ha acostumbrado a no depender de padres y docentes. Las jerarquías en este sentido han desaparecido, dando paso a una sociedad acostumbrada a manejar cantidades ingentes de información, a gestionar la misma y a compartirla.

¿Qué podemos aportar nosotros, desde nuestro conocimiento a unos jóvenes que tienen acceso a todo?  

En el momento profesional que nos encontramos, ya no basta con tomar conocimientos de la caja de los recursos educativos y combinarlos de nuevo para introducir una mejora. Abordamos un nuevo reto, que supone un cambio cualitativo y debemos cambiar profundamente nosotros para poder adaptarnos al mismo.

El modelo de conocimiento ha cambiado.  Es necesario orientar la educación hacia una perspectiva más constructivista de forma que los conocimientos se transmitan para generar competencias en los individuos y se amplíe el espectro de habilidades (inteligencias múltiples) desde las que se puede aprender. Los jóvenes Z demandan un aprendizaje más práctico y flexible, menos teórico y formal y más orientado a adquirir experiencias y habilidades que les ayuden a afrontar un futuro caracterizado por el continuo cambio.

Y esto es aplicable a todos los niveles, desde el sistema educativo, cuyo currículo debe reinventarse, adaptándose a las habilidades, necesidades e intereses de estas nuevas promociones de alumnos, hasta los servicios de Orientación Laboral, que deberán ayudar a estos jóvenes a afrontar un futuro laboral caracterizado por la incertidumbre y el cambio, con profesiones novedosas y vinculadas a proyectos colectivos de trabajo en red con la creatividad como componente principal.

Los Jóvenes Z necesitan que les enseñen a aprender de por vida. Bajo este enfoque, el profesional se configura más como un acompañante o catalizador del proceso educativo que como una fuente del conocimiento en sí, al tiempo que la forma de adquirir conocimiento se hace más práctica combinando el trabajo en equipo, ejemplos de aplicación y casos prácticos.

En palabras de Mark Beyebach, el profesional no debe asumir la posición de un experto. No trata de educar, de aleccionar a la persona que tiene delante. No trata de corregir los supuestos “defectos”, ni de proponerles normas de comportamiento. Debemos interiorizar esta idea, como si de un mantra se tratase: “Los jóvenes tienen los recursos necesarios para lograr sus objetivos, aunque por momentos puedan no estar usándolos”. La tarea del profesional es movilizar estos recursos, ayudar a que la persona se ayude a sí misma, y hacerlo además en el menor tiempo que sea posible.

Unida de forma inevitable a esta premisa se encuentra el rechazo de la idea del normativismo. Se trata aquí de que procuremos no adoptar un modelo de normalidad, y que en vez de ello intentamos respetar al máximo la idiosincrasia de esta nueva generación.  En otras palabras, ahora más que nunca, no creamos en un único patrón de comportamiento, ni en un ideal de “persona funcional”. Pensemos más bien que existe una multitud de diferentes formas de actuar y comportarse, y que ninguna de ellas es a priori superior a ninguna otra.

Es importante que entendamos que los Centenials no necesitan aprender, tal y como se entendía en un paradigma más conductista a “adquirir respuestas”, necesitan aprenden a “construir significados”, tal como postula el paradigma constructivista.

Requieren aprender a adaptarse a los cambios en lo social, en lo educativo, en lo cultural, el nuevo escenario hace necesario y prioritario generar o replantear la forma de afrontar la realidad: el saber, el saber hacer y el saber actuar, son capacidades que deben ser revisadas y actualizadas.

Cobra peso el concepto de COMPETENCIA, entendiendo como competencia a una combinación de destrezas, conocimientos, aptitudes y actitudes, y a la inclusión de la disposición para aprender a aprender (Comisión Europea, 2004, p. 5).

En una definición quizás más sencilla, el consejo superior del sistema de evaluación del sistema educativo en Cataluña, en 2003, define que se entiende por competencia la integración de los conocimientos, las habilidades y las actitudes en diferentes contextos.

Esta es la característica principal de las competencias, una vez se poseen, pueden ser aplicadas a cualquier situación.

Desde este punto de vista las competencias incorporan el saber (conceptos y conocimientos teóricos), el saber hacer (conocimientos prácticos y habilidades) y el saber ser y estar (formas de ser y actitudes)

Una competencia–clave es crucial para la realización y el desarrollo personal a lo largo de la vida, permitiendo a las personas perseguir objetivos personales en la vida, llevados por sus intereses personales, sus aspiraciones y el deseo de continuar aprendiendo a lo largo de la vida. También favorece la inclusión para lograr una ciudadanía activa, permitiendo a todos una participación como ciudadanos activos en la sociedad y generando aptitud para el empleo

Y en realidad, todo esto no es nuevo, el cambio de paradigma lleva décadas fraguándose. Ya en 1983 el profesor de la Universidad de Harvard, Howard Gardner lanzó una revolucionaria teoría psicológica en su obra “Estructuras de la mente: la teoría de las múltiples inteligencias”. Su propuesta rompía con las teorías del momento, afirmando que la inteligencia humana no es una única capacidad sino un conjunto de inteligencias diferentes, autónomas e independientes.

Proponía así una visión pluralista de la mente que reconoce diferentes facetas cognitivas comunes a toda la especie humana pero que difieren en su nivel de desarrollo y en la combinación entre ellas. En otras palabras: todos somos inteligentes a nuestra manera y tenemos diferentes potenciales que se combinan de forma diferente y son susceptibles de ser estimulados.

Los conceptos de competencia y múltiples inteligencias están estrechamente ligados. A este respecto Pedrós (2014) afirma que los seres humanos llegan al mundo con múltiples inteligencias que se estimulan y desarrollan según el entorno en que se vive. Cada inteligencia tiene su correspondiente Competencia que desarrollar y este desarrollo se llevará a cabo desde el ámbito educativo, familiar y social.

Desde Meridianos, los profesionales que trabajamos en los diferentes programas educativos para jóvenes, tratamos de que los mismos desarrollen el talento y las inteligencias de los jóvenes Centenials.  Para ello vemos necesario, revisar y actualizar constantemente los paradigmas teóricos que guían nuestra labor y crear Programas innovadores que se adapten a las características de los jóvenes y a su estilo de aprendizaje.

Tratamos de que nuestros programas reúnan están cuatro características: INTERACTIVIDAD, INMERSIÓN, TECNOLOGÍA y FLEXIBILIDAD

Los centennials representan la generación de los videojuegos y del gaming, de la interactividad.  Un estudio realizado por Barnes and Noble College muestra que los estudiantes de hoy se niegan a ser aprendices pasivos. No están interesados en sentarse mientras se imparte una conferencia, y tomar notas que memorizarán para un examen más adelante. En su lugar, esperan estar plenamente comprometidos y formar parte del propio proceso de aprendizaje.

Las experiencias tienen que suponer Experiencias inmersivas y prácticas, orientadas al desarrollo de capacidades que les permitan desenvolverse mejor en su día a día. De hecho, los jóvenes de la Generación Z tienden a prosperar cuando se les da la oportunidad de tener una experiencia educativa totalmente inmersiva y que saben disfrutar de los retos de ser parte de ella.

La generación Z está acostumbrada a recibir contenido instantáneo, fragmentado, muy visual y poco denso, al estilo Buzzfeed. Esperan que las herramientas digitales de aprendizaje como éstas estén profundamente integradas en su educación. Para ellos, la tecnología siempre ha sido una experiencia totalmente integrada en cada parte de sus vidas y no creen que en la educación deba ser diferente.

Además, esperan que estas herramientas de aprendizaje sean flexibles estén disponibles bajo demanda y con bajas barreras de acceso. Para ellos, el aprendizaje no se limita sólo al contexto educativo tradicional; es algo que puede tener lugar en cualquier momento y en cualquier lugar. Y, por último, el acceso a una nueva información ilimitada ha creado una generación más autosuficiente.

 

Nazaret Martínez Elena ,es Psicóloga y terapeuta familiar, con estudios de especialización en Terapia Sistémica y Mediación, con una amplia experiencia en el trabajo con jóvenes y familias, y especializada en la intervención en casos de violencia filoparental

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