Un aplauso para los que no se ven

Un aplauso para los que no se ven

Todos los días, en todas las ciudades, miles de personas salen a aplaudir para reconocer el trabajo entregado de profesionales de la salud, de la seguridad, de los supermercados, del transporte, y de otros servicios esenciales. Son los más visibles, los que vemos en la tele, o cuando salimos a la calle, a comprar, o al hospital.

Pero hay otros y otras profesionales que también realizan una labor fundamental, que prestan un servicio que, ya antes de la crisis, era esencial. Y nos referimos a los profesionales que trabajan en el ámbito de la justicia juvenil: educadores, psicólogos, trabajadores sociales, personal de servicios y de seguridad.

Y es esencial no solo porque no pueden dejar de prestarlo, sino por la importancia de su labor socioeducativa con jóvenes que han cometido un delito y que cumplen medidas judiciales, en especial en los centros de internamiento.

La alerta sanitaria derivada del COVID-19 también ha llegado a nuestros programas de justicia juvenil, y ha supuesto un cambio radical en la actividad y vida diaria de los jóvenes infractores, al limitarse las salidas y actividades que realizaban, las visitas de los familiares, o las propias dinámicas internas al tener que garantizar las medidas de seguridad como es el distanciamiento social.

Se ha creado un escenario inédito para los profesionales, constituyendo un reto el mantener la motivación intrínseca de los jóvenes que cumplen medidas judiciales, jóvenes que no olvidemos, están privados de libertad, y que tienen un perfil muy concreto (impulsividad, limitada gestión emocional, desmotivación, en algunos casos agresividad).

Nunca nos ha sorprendido la indudable profesionalidad de todas las personas que trabajan en este invisible sector, pero no podemos más que reconocer como, en una situación excepcional donde existe un riesgo evidente derivado de la crisis sanitaria y que complica un contexto de trabajo ya difícil, los hombres y mujeres que trabajan en los programas de justicia juvenil, se entregan a una misión, que es la de generar oportunidades educativas, sociales, laborales, o de salud, a los chicos y chicas con los que intervienen cada día.

Es mucho más que un trabajo. Su labor y su compromiso es un ejemplo, para los jóvenes, para las familias, y para la sociedad.

Y queremos aplaudir por ellos.

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